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Un futuro muy random

El futuro ya no es futuro

Francia, 1555. Nostradamus empieza a escribir un montón de versos sin mucho sentido mientras mira fijamente un cuenco lleno de agua, desde donde teóricamente recibe sus famosas predicciones, y en los cuales se detallan las catástrofes y desastres que iban a ocurrir siglos después. Podríamos decir que Nostradamus ha sido el profeta más conocido históricamente, pero sin embargo siempre queda la duda de qué aspectos tienen más que ver con la interpretación e incluso con la casualidad.

Y eso que, aunque ninguno somos Nostradamus, cuando se habla del futuro, uno siempre parece que tenga claros algunos de los cambios y evoluciones que van a suceder. Hoy en día (aún) no nos movemos en coches voladores, que es la clásica imagen que rescatamos de muchas de las pelis de ciencia ficción, como Blade Runner o Regreso al futuro, pero es verdad que la tecnología avanza de forma imparable, y en unos años ya no habrá que preocuparse de la gasolina, más bien vamos a tener que buscar enchufes en los aparcamientos. Y esto podría ser ya una predicción, aunque no tanto como Nostradamus, ya que los informes detallan que la compra de vehículos eléctricos ha aumentado más de un 50% en el último año, con lo cual, no deja de llevar razón el director de comunicación de Nissan cuando afirma que el vehículo eléctrico no es futuro sino presente. Tendremos que esperar un poco más para poder conducir entre las nubes por encima de las ciudades.

Androides vs Humanos

Toda esta automatización de la vida hace que el desarrollo de la AI (Artificial Intelligence) sea ya un hecho. A pesar de sus detractores, no seremos totalmente realistas si no nos anticipamos a que, en un futuro no muy lejano, las máquinas van a sustituir al ser humano en muchos aspectos. Robots capaces de atender a nuestras necesidades, tanto a nivel laboral como personal. Google, por ejemplo, ha invertido millones de dólares en un sistema de identificación facial que “aprende” a partir de millones de videos, o Facebook con su reconocimiento facial, que acierta un 97% de las veces. Coches autónomos, drones con sensores, avionetas de fumigación autónomas, robots enfermeros o incluso androides de compañía en clubs de alterne. Se trabaja para que los ordenadores sean capaces de pensar y actuar como los humanos, y aunque ahora nos de la sensación de que estamos a años luz de esto, hay visionarios como Hans Moravec que afirman que en 50 años los androides desplazarán a los humanos. No es nuevo este miedo, el mismo Tesla o el recientemente fallecido Steven Hawking ya avisaban de que el peor invento de la historia es, sin duda, la IA, y que el final del ser humano iba a pasar por la destrucción a manos de los robots, como en Terminator. No sabemos qué pasará, porque de momento no podemos dar aquellos saltos en el tiempo de Regreso al Futuro, pero sí que es cierto que en unos años la implantación de robots que nos sustituyen para ciertas tareas va en claro aumento, y cada vez se trata de tareas de más precisión.

Día a día

Y es que, ¿qué esperamos del futuro? Y me refiero a nivel cotidiano. Aún no tenemos un robot que nos haga las tareas de casa y nos espere con la cena puesta después del curro, ni tenemos pantallas holográficas que se activan por reconocimiento de voz. Pero sí que podemos tener neveras inteligentes que nos avisen vía mail de cuando nos vamos a quedar sin huevos, o casas domóticas que adapten la temperatura e iluminación de forma automática. Todo esto con pasta, claro… Y mientras, tú te puedes tumbar en tu sofá a ver Netflix, un formato en auge, en el cual pagas por uso, sin tener nada propio. Igual que Uber. ¿para qué quiero hoy en día un coche en propiedad? ¿para qué voy a tener gastos de reparaciones, limpieza, garaje? Llamo a Uber y en unos minutos tengo un coche impoluto que me lleva y me trae sin complicaciones. Quizá parte del futuro está ahí, en dejar de “almacenar” objetos y solo liquidar cuotas en relación al uso que vayas a dar a los servicios, y empresas como Spotify, Glovo o cualquiera de las muchas nubes lo tienen clarísimo: almacenamos o trabajamos por ti, tú paganos solo por el servicio y olvídate. Eso sí, ni revender, ni modificar, ni dar explicaciones de nada.. el producto sigue en nuestras manos, tú en propiedad no tienes nada. A nivel empresarial también vivimos un aumento de los proyectos por servicio y de los freelance, y cada vez más empresarios prefieren desmontar sus estructuras para rodearse de profesionales independientes. Eso de “llevo 30 años trabajando en la misma empresa” hace tiempo que se acabó por modelos más abiertos, más competitivos y que permitan más libertad individual. Se aboga por la confianza en la profesionalidad y la responsabilidad, y no por el control.

Tu vida privada, tu vida pública

La privacidad juega un papel fundamental en esto de la confianza. Muchas teorías hay sobre cómo va a evolucionar en las próximas décadas; desde Huxley con “Un mundo feliz”, pasando por Orwell en “1984”, se ha temido que las sociedades acaben en una red de control continuo por parte de los estados que permita crear un “rebaño” de trabajadores al beneficio de unos pocos privilegiados. La propia evolución de los medios de comunicación hacen que nos planteemos que algo similar pueda ocurrir. David Brin publicó “La Sociedad transparente”, donde permite la posibilidad de elegir vivir en dos ciudades distintas. Ambas están llenas de cámaras, y cualquier persona que pasea por ellas está sometida a constante vigilancia. En la primera, a las imágenes de las cámaras sólo tiene acceso la policía siendo ellos los únicos que pueden decidir sobre el uso que les dan. En la segunda ciudad, cualquier ciudadano puede acceder a cualquier cámara, incluso las de la propia policía. ¿En qué ciudad decidirías vivir? ¿En la primera ciudad, en la cual la protección de la privacidad hace que solo la policía vigile lo que ocurre? ¿o en la segunda, donde cada individuo puede vigilarse entre sí, e incluso puede vigilar a la policía? La respuesta no es tan simple.

Por otra parte, las redes sociales ponen a descubierto nuestras intimidades cada vez más, y, lo mejor de todo, sin que nadie nos obligue a ello. Necesitamos comunicarnos más que nunca, destacar sobre la maraña de comunicación diaria que recibimos, sentirnos especiales, dejarnos ver, porque en este mundo hipercomunicado y consumista estamos solos, más aislados que nunca en el aspecto personal. Así que hay que “vender” que nuestras vidas son fantásticas, a ver si así nos lo creemos nosotros también, aunque sea solo de forma virtual.

Volviendo al tema de las películas, me quedo con Regreso al futuro y su paradoja espacio/temporal, que crea la posibilidad de una multitud de futuros, todos aquellos que se generan cuando algo se cambia en el pasado. De momento sabemos que ya es posible viajar al futuro, aunque solo a nivel de nanosegundos… no nos va a solucionar mucho alguna metida de pata de hace años, por lo menos de momento… Estaría bien poder probar unas cuantas posibilidades y luego elegir. Aunque siempre nos puede pasar como a Marty McFly, y arriesgarnos a cambiar tanto las cosas u olvidarnos de detalles cruciales que harían que dejásemos de existir, directamente. Eso, si no tenemos en cuenta la posibilidad de que haya tantos futuros como posibilidades, en ese caso habría un futuro con Marty McFly, otro sin él, otro con él pero sería una persona muy diferente, y así tantos como opciones puedan existir. En fin, una paja mental bastante importante. A mi me gustaría existir uno de esos futuros paralelos en el que siempre me levante con buena cara, no se acaben las series buenas de Netflix y los domingos tenga en mi salón todo el sushi y la pizza del planeta.

 

Imágenes: Photo by Henri Pham on Unsplash | GIF vía GIPHY

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